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Ya en el 2005, realicé una prueba del Legacy dos litros. Recuerdo bien el momento en que tuve dicho vehículo porque estábamos de mudanza en casa. Un buen amigo me ayudó a transportar un frigorífico en un coche más grande y, mientras, mi mujer conducía el Legacy con otros bultos. Mi amigo, probador profesional (trabaja en el Centro Técnico de Motorpress Ibérica) iba conduciendo, y los dos estábamos alucinados de la velocidad a la que viajaba mi mujer. Cuando llegamos al destino le pregunté "¿Te ha gustado cómo va el coche?" a lo que me contestó "pues sí, la verdad es que va muy bien". Cuando le comenté que había ido muy rápido por una carretera de curvas su respuesta fue inmediata "pues no lo sé, yo iba totalmente segura porque el coche va de maravilla". Creo sinceramente que si al menos una vez todos los conductores tuvieran la oportunidad de llevar un Legacy, sus prioridades de compra variarían bastante. Aquí os dejo la prueba: 
Todo eficiencia El coche ideal no existe pero el Subaru Legacy hace acopio de muchos de los atributos que dicho vehículo debiera reunir. Bien realizado, estable, cómodo y capaz de circular en situaciones de baja adherencia como si fuera sobre seco, el Legacy 2.0 AWD aporta mucho más de lo que su aceptación comercial indica. Hace muy poco tiempo una amiga me comentaba que su jefe estaba pensando en dar unos incentivos a una compañera de trabajo porque la veía “poco motivada”. Obviamente, esta amiga se encontraba disgustada porque consideraba que ella estaba trabajando bien y, sin embargo, no le ofrecían ningún tipo de incentivos. Y es que resulta que a veces, cuando se hacen bien las cosas desde el principio, parece que no cuestan y, por tanto, se valoran poco. Esta afirmación se puede aplicar también a los automóviles; cuando sale un nuevo Modelo, o lleva a cabo una enorme inversión en publicidad y cambia completamente la imagen del Modelo anterior, o simplemente termina por ser otro más de la amplia oferta existente. No lo negamos, el Subaru Legacy, como tantos otros vehículos de la misma Marca, nos ha gustado, y nos ha gustado mucho, por eso no deja de extrañarnos la poca aceptación comercial que tiene en el mercado. A decir verdad, uno de los aspectos más valorados por los compradores resulta ser de los menos conseguidos por el Subaru; su imagen exterior. No es que se trate de un vehículo poco atractivo pero tampoco aporta una imagen diferenciadora, y eso, en un mercado en el que la estética sigue siendo una de las principales motivaciones de compra, se termina pagando. Ahora bien, en el interior, la calidad percibida se sitúa muy por encima de vehículos de similar e incluso superior precio y su aspecto está mucho más conseguido que el logrado en el exterior. Todos los mandos ofrecen excelente tacto incluyendo volante y pomo de la palanca de cambios aunque su Terminación no sea de cuero. Al ralentí, las vibraciones no existen, y al parar, miramos a veces el cuentavueltas para cerciorarnos de que el motor continúa en funcionamiento. Recurriendo a un eje trasero multibrazo y a la tracción integral permanente, el Legacy ofrece un comportamiento en seco impecable. El aplomo del vehículo y la facilidad con la que permite llevar un elevado ritmo de marcha llevan incluso a pensar que el resto de vehículos no circula a una velocidad suficientemente alta, cuando en realidad somos nosotros los que circulamos claramente por encima de la media. El manejo del cambio, el puesto de conducción, la baja rumorosidad y el excelente tacto de todos los mandos no hacen sino facilitar la conducción. En este “paradisíaco” panorama sólo se echa en falta el Control de Estabilidad, que no se encuentra disponible ni como equipamiento opcional. Pero lo anterior, que ocurre también con algunos otros vehículos bien realizados de última hornada, queda como mera anécdota cuando nos enfrentamos a carreteras de baja adherencia o las condiciones climáticas no acompañan (léase lluvia o suelos deslizantes) En dichas circunstancias, el Legacy está claramente por encima de cualquiera de sus rivales directos de sólo dos ruedas motrices; el aplomo es excelente y la sensación de tenerlo todo bajo control no desaparece aunque la lluvia se torne en aguacero. Las suspensiones, además, absorben los baches sin hacer perder la compostura pero “mimando” a los ocupantes, y conducir se convierte en un auténtico placer. Comparando al Legacy con rivales de procedencia oriental comprobamos que el control al que se someten dichos fabricantes alcanza también a la oferta comercial, pues el Honda Accord 2.0 en Acabado Sport calca su precio, el Mazda 6 2.0 Active se queda sólo 400 euros por debajo y el Toyota Avensis Sedán 2.0 Sol también es ligeramente más barato (500 euros). De entre todos ellos, el Mazda apuesta claramente por la imagen y la deportividad, además de ofrecer un producto muy bien realizado. Toyota se decanta por la sobriedad y la calidad de realización en una línea muy similar a Honda, mientras que Subaru, con el vehículo que aquí probamos, se desmarca de todos al ofrecer la tracción total. Tan agradable como el Honda, tan bien realizado como el Toyota y con un comportamiento inigualable en situaciones de baja adherencia, el Subaru debe ser considerado por los verdaderos amantes del automóvil… que no busquen versiones diésel, pues este es el gran punto débil del Legacy.
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