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Hace ya tres años que Seat presentó su Toledo como prototipo. Basándose en el Altea se hablaba de una berlina de estética diferenciada y grandes posibilidades. Hoy el Toledo sigue a la venta, pero la aparición del Altea XL que nos ocupa vino a aportar la lógica inexistente en el planteamiento de su hermano de gama, y los nuevos motores mejoran también su equilibrio mecánico. Después de ver los resultados obtenidos en los diferentes modelos de la marca española, nunca diríamos que los ingenieros de Seat desconocen su trabajo. Al contrario, tomando como base elementos que les vienen impuestos desde la cúpula del grupo Volkswagen en Alemania, los vehículos resultantes suponen en muchos casos incómodos rivales para otros componentes del emporio germano. Quizás por eso en su día se decidió que la tercera generación del Toledo debía utilizar muchos elementos comunes con el Altea y, a pesar de la buena voluntad de los ingenieros y diseñadores, el resultado comercial ha dado la razón a quienes informábamos entonces del error que se estaba cometiendo. Obligados a mantener al Toledo en el mercado hasta que aparezca una verdadera berlina (si es que aparece) que pueda considerarse realmente heredera de los modelos que tantas alegrías comerciales dieron a Seat, en la marca se tomó la valiente, y esta vez a nuestro juicio acertada, decisión de crear el automóvil que protagoniza este post. Comparte con el Altea y con el Toledo las mismas cotas de anchura, altura y batalla (distancia entre ejes), pero gracias a ser casi 20 centímetros más largo que el primero y uno más que el segundo, ofrece un maletero de 532 litros que puede llegar hasta los 1604 litros si abatimos los asientos traseros. Aprobado por lógica La gran asignatura pendiente en la mayoría de los monovolúmenes medios se encuentra habitualmente en el maletero. La existencia de un habitáculo relativamente amplio se combina con un espacio para las maletas que se queda pequeño en muchos casos. Aunque en el Altea no puede decirse que, con sus 409 litros, tiene poco maletero, lo cierto es que las posibilidades del Altea XL son mucho mayores. Hoy en día parece que el hecho de tener un solo niño obliga a desplazar en cada viaje una cantidad de elementos incluso desconocidos hace unos años, y los 532 litros del XL son una inestimable ayuda en la ardua tarea de no descartar “cosas imprescindibles” que nos llevaríamos en cada pequeño desplazamiento de fin de semana. Pero no sólo vendrá bien dicha capacidad para llevar a la familia. También los aficionados a las actividades al aire libre encontrarán en el amplio espacio del Altea XL un gran atractivo de compra. En este sentido consideramos que la estética del modelo también es una virtud que lo separa claramente del Toledo. Cierto que comparte con Altea y Toledo prácticamente todos los elementos hasta las puertas traseras, pero el alargamiento de la zona trasera lo hace a nuestro juicio más estilizado y, además, le aporta la posibilidad de llevar bultos más voluminosos. Respecto a su competencia, los modelos de Seat pretenden destacarse por su dinamismo. En el caso que nos ocupa se ha conseguido. El puesto de conducción admite muy pocas críticas salvo en el caso de la estética del acabado Reference, que nos parece muy poco atractiva. Pero siempre puede obtenerse una posición de conducción excelente, buena distancia entre volante, pedales y palanca de cambios, y una relación confort/sujeción de los asientos envidiable. Bueno, se nos olvidaba un aspecto negativo que muchos conductores comprobarán a poco que se alargue el viaje; el reposabrazos central. Este elemento simplemente no existe, y se echa en falta siempre que uno ha de estar más de media hora al volante en una autovía o autopista. Puede que desde la marca intenten obligarnos a llevar la postura más adecuada al volante, con las dos manos situadas sobre el mismo y prestando la máxima atención pero, incluso considerando dicha posibilidad, tampoco hay por qué castigar al acompañante de delante a carecer también de reposabrazos.
El Familiar más deportivo. Mejor incluso que de la posición de conducción podemos hablar de la estabilidad a bordo del Altea XL. La base del modelo se encuentra en tantos vehículos que seguro nos olvidamos de alguno, pero baste con decir que podemos encontarla, por ejemplo, en el Seat León, en el VW Golf o en el Skoda Octavia, por poner a un representante de cada marca del grupo. El eje delantero recurre a un esquema McPherson, mientras que en las ruedas traseras encontramos un eficaz multibrazo. La combinación de ambas soluciones con unos elementos de suspensión bien estudiados confieren agilidad en todo tipo de trazados y muy buen aplomo en vías rápidas. Debemos matizar aquí que los conductores más enfocados al confort estimarán que la dureza de las suspensiones es excesiva sobre todo al compararla con la de otros monovolúmenes. No compartimos nosotros dicha opinión. En un automóvil la estabilidad ha de ser el primer objetivo, y para conseguir ésta con un vehículo relativamente alto hay que sacrificar en parte el confort. Además, no es que el Altea XL sea incómodo, sino que las suspensiones del mismo resultan adecuadas a las prestaciones que permiten sus motores y en ningún caso comprometen la estabilidad. Por otra parte, el tacto aportado por la dirección eléctrica deja en evidencia las realizaciones de otros fabricantes, pues permite al conductor un perfecto conocimiento de lo que ocurre en las ruedas delanteras y un gran confort de conducción. Puestos a situar al Altea XL en el mercado lo ubicaríamos como el rival más directo del Mazda 5. Ambos se sitúan en el extremo más deportivo del panorama de los monovolúmenes con buen maletero, ganando en esta particular batalla el modelo de Seat y dejando al Mazda el apartado de la polivalencia gracias a sus puertas traseras deslizantes. El Ford C-Max, excelente también en cuanto a comportamiento, lucha de manera más directa con el Altea a secas, mientras que los del tipo Citroën C4 Picasso (5 y 7 plazas), Renault Scénic/Grand Scénic u Opel Zafira ofrecen un enfoque más familiar y confortable.
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