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Con el Altea Freetrack me ha pasado algo parecido a lo que me ocurrió con el Skoda Scout; ya me gustaba antes de subirme a él, después de probarlo me gusta aún más...
El interior del Altea XL es siempre una buena opción, y en este caso puede que más. Los asientos de la versión probada eran los deportivos, con un agarre increíble aunque con el inconveniente de no contar los delanteros con ningún tipo de apoyo central, echándose éste en falta cuando se trata de hacer largos recorridos. Detrás, sólo dos ocupantes viajarán cómodos debido a que el asiento está configurado para dos plazas, siendo la tercera bastante incómoda. Pero la sujeción es excelente para las cuatro plazas comentadas, igual que el confort. La posición de conducción, aunque se consigue sin problemas, tiene el habitual inconveniente de los asientos dotados de regulación mediante ruedecilla; no importa lo buenos que éstos sean, siempre terminan cediendo al cabo de ciertos kilómetros de conducción decidida y por ello debemos volver a regularlos cada cierto tiempo -sobre todo si, como es mi caso, el conductor se acerca a los 100 kilos de peso- Mientras, el maletero es bastante amplio, y lo hubiera sido más si los responsables de la marca hubieran dejado la rueda situada en el portón trasero tal y como estaba en el concept, pero decidieron poner una de tipo galleta bajo el piso del maletero, quitando espacio para éste y ofreciendo una solución de emergencia que será todo un engorro si tenemos que utilizarla fuera del asfalto. Si queremos aumentar esta capacidad sólo tendremos que tirar de unas tiras a los laterales de los asientos para encontrar una de las excelentes ideas de este Altea, pues los asientos traseros se deslizan entonces hacia delante para dejar suficiente espacio al respaldo como para que se cree una superficie de carga plana y amplia.
La versión probada fue el TFSI con el motor de dos litros, inyección directa, turbo y 200 CV de potencia. Tras pensar en ello resulta curioso que ahora no parezcan tantos CV, pues no hace tanto tiempo que salió al mercado el primer Opel Zafira OPC con dicho nivel de potencia y resultaba casi una barbaridad. Fue precisamente al recordar la prueba de este último modelo cuando comencé a valorar realmente el excelente trabajo realizado sobre el bastidor del Altea. En el OPC se conseguía muy buena estabilidad a base de sacrificar el confort hasta límites insospechados. En el Seat ocurre todo lo contrario para, además, mostrar una capacidad de absorción de baches increíble en conducción fuera de carretera. Sobre terrenos malos el recorrido de suspensiones es suficiente para tragarse un buen número de baches que harían palidecer a otros automóviles no pensados para la conducción fuera de carretera. Los neumáticos, con un perfil 50 para una medida de 225 de ancho, no son la opción más recomendable para este tipo de conducción y, sin embargo, cumplen satisfactoriamente. Después, cuando afrontas carreteras amplias, la carrocería no se inclina ante fuertes apoyos tal y como sería lógico esperar en un vehículo pensado también para circular por caminos. Y lo mejor aparece al realizar los primeros kilómetros en carreteras más complicadas. Tomas la primera curva pensando que vas muy deprisa, la abandonas sabiendo que ibas casi despacio, te acercas a la siguiente sintiendo las buenas sensaciones al volante, con una dirección de muy buen tacto, la carrocería no se inmuta, el control es muy bueno, el control prácticamente absoluto... pero todo tiene un límite. Se trata de un automóvil básicamente de tracción delantera, por lo que si somos demasiado generosos con la velocidad será el morro el que tienda a salirse de la trayectoria. Hay que afrontar las curvas con suavidad para terminar de redondearlas aportando potencia, de tal manera que la tracción total entre en acción si es necesaria y nos ayude a mantener al vehículo en su trayectoria.
Por lo que se refiere a la mecánica es un prodigio de suavidad y entrega de potencia. Puede parecer que los 200 CV no existen porque para que aparezcan hay que buscarlos a base de utilizar el cambio. Pero basta con hacer lo comentado para comprobar las excelencias de contar con tal cantidad de potencia. Los adelantamientos se realizan con una autoridad inesperada (sobre todo para los conductores que ven cómo una "furgoneta" con pinta de todo terreno les pasa en apenas unos segundos) y las incorporaciones peligrosas -por falta de espacio en la calzada- casi dejan de serlo por la capacidad del Altea de adoptar la misma velocidad de los vehículos que circulan por la carretera principal.
Como todo, siempre existe un pero, y el consumo es sin duda el gran punto débil de este automóvil. La horquilla de consumos obtenida en la prueba estuvo entre 10 y 14 litros, tan difícil es bajar del primer dato como subir del segundo. Lo habitual, no obstante, es situarse entre los 10,5 y los 11,5 litros a los 100. Un peaje elevado, cierto, aunque bastante coherente con un coche de cierto peso, grande, potente y muy prestacional.
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