Aunque resido en Madrid me encuentro hoy en A Coruña, ciudad que no conocía y que me está resultando realmente acogedora. Al desayunar en el hotel y ante la ausencia de acompañantes con los que comentar el comienzo del día me he enfrascado en la lectura de un periódico, actividad ésta que, lo reconozco, no suelo realizar habitualmente.
Sucedió en febrero del pasado año, cuando circulaba a bordo de un Opel Astra descapotable realizando una prueba de conducción. Conozco el recorrido, lo he realizado muchas veces, y en esta ocasión un coche de policía me dió el alto.
Por otros motivos David Ayala
Ayer, al volver a casa desde el trabajo, me encontré con varios anuncios luminosos con diferentes mensajes: "porque te van a pillar", "por los puntos", "porque a 150 no se salva nadie...". Llegué a mi destino algo más cansado que de costumbre, algo más enfadado que de costumbre, algo más rápido que de costumbre. La televisión estaba puesta, el salón con poca luz, y el individuo que salió en primer plano en la pantalla me resultó, más que feo, difícil de ver. Un tipo con cara de antipático, gesticulando mucho, cerca de la cámara, con un jersey negro y un fondo oscuro, envuelto en un ambiente algo tenebroso me miraba fijamente como si le hubiera hecho algo, con rencor en los ojos, con ira en la expresión de la cara y me decía "por tí, por los demás, por lo que tú quieras, por tu mujer o porque a 150 no se salva nadie..."