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Esta semana la he tenido cargada de eventos. Nada malo, al contrario, el lunes estuve probando el Nissan FCV que fue mi primera experiencia con un modelo de pila de combustible. El martes Subaru me invitó a la presentación del Forester diésel, con lo que por fin probé el único Subaru diésel que me faltaba -bueno, hasta que llegue el Impreza, anunciado para el Salón de París- y ayer y hoy estoy en Alemania, con las novedades del A6, el RS6 y el Q7 V12 TDI de 500 CV. 
Sé que muchos estaréis pensando que tengo una vida estupenda, y os engañaría vilmente si os dijera que no me gusta mi trabajo o que lo cambiaría por ocho horas diarias de oficina (va a ser que no) Sin embargo, no os he contado lo mejor; en la presentación de Audi estuve con un buen amigo, y dicho amigo es Luis Villamil, uno de los pilotos españoles de turismos en circuito con mejor palmarés. Pequeño de altura y grande como persona, Luis me brindó el honor de acompañarle en la presentación de cada uno de los modelos. Por supuesto, aprendí sobre coches, pruebas y conducción en las tres o cuatro horas compartidas más que en meses de pruebas en solitario. El primer motor que pudimos probar fue el tres litros diésel sobre el A6. Una excelente máquina que empujaba bastante bien y que contaba con la suspensión adaptativa. Buenos acabados, silencio de marcha y buen confort. De ahí pasamos al nuevo dos litros de 136 CV con conducto común (el inyector bomba ha pasado ya a mejor vida) Tanto Luis como yo llegamos a la conclusión de que era un coche tremendamente racional con el que, si uno se lo propone, también puede acabar entre rejas, luego es por tanto más que suficiente para la inmensa mayoría de ocasiones. 
Tras una parada para comer y viendo que el tiempo se nos echaba encima optamos por esperar al Q7 (acaparado por todos los periodistas) con las expectativas puestas en un empuje demoledor. Un V12 con 500 CV no se coge todos los días, pero las 2,6 toneladas de peso, así como el funcionamiento y las relaciones del cambio nos dejaron fríos. Cierto, corre, cierto, corre mucho, pero uno se espera algo más cuando sale desde parado presionando a fondo con el pie derecho. No tuvimos oportunidad de ir a ninguna carretera de curvas donde, seguro, este motor y uno con 200 CV menos será más que suficiente para notar las partes nobles delanteras haciendo hueco a la altura del cuello, pero en línea recta el Q7 más potente no nos impresionó en aceleraciones ni en frenadas. Así es que tras este pequeño chasco nos quedamos charlando con los ingenieros de Audi hasta la llegada del RS6; y aquí sí que sentimos que estábamos ante una auténtica "máquina de correr". En absoluto se trataba de sacar su quintaesencia en carreteras abiertas, pero bastaba con subirse a los bacquets con pétalos ajustables para piernas y espalda y rodear el volante de piel vuelta para sentir cierto cosquilleo de satisfacción. "En mi época 600 CV era la potencia de un F1" me decía Luis con una sonrisa en la boca. Seguro que nadie necesita realmente este coche, seguro que con el A6 compresor de 290 CV (que también probamos y nos pareció más rápido que el Q7) habría más que suficiente, pero sería una gozada meterse en un circuito con el RS6 y urgar un poquito más allá de la razón para buscar las satisfacciones que sólo un deportivo puro es capaz de proporcionar. Sí, esta semana he trabajado mucho, pero mucho eh...
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