|
Nos habíamos quedado en el bochornoso espectáculo de mis piernas al descubierto, pero ahora viene lo mejor, lo del baño en aguas endemoniadamente frías... 
En un momento dado, cuando Roberto nos estaba enseñando un bonito paraje en una amplia charca, Sven se acercó a mi con cara de pillo y casi me susurró "si te bañas tú me baño yo". La temperatura estaba cercana a los cero grados, había nieve pocos metros más arriba, y no quiero ni pensar la temperatura a la que estaba el agua. Desafortunadamente para mí, la resaca, la emoción, la ignorancia y ese estúpido amor propio que me pierde, hicieron que casi sin terminar Sven de hacer su propuesta estuviera yo quitándome anorak, jersey y camiseta para hacer la estupidez de darme un baño en las gélidas aguas de aquel bonito charco. Roberto, convencido ya de nuestras intenciones, nos propuso entonces acompañarle a una zona más alta para hacer lo que habíamos planeado el día anterior: descenso de barrancos. Se trataba de subir a lo alto de la cascada para tirarse al agua desde allí. Con mi estúpido ego arrastrando de mi débil voluntad acompañé a Roberto a lo alto de las rocas. 
No debían ser más de dos o tres metros de Altura, como exageradísimo diremos que fueron cuatro (medidas que desmienten claramente el vídeo que inmortalizó la ocasión) pero puesto allí en lo alto y recibiendo las instrucciones de Roberto mis ojos veían un abismo de no menos de diez o veinte metros de Altura hasta el exiguo charquito de agua que me esperaba debajo. No te estires ni te pongas rígido, dobla las rodillas, dobla un poco los tobillos, dirígete hacia ese punto (diminuto punto, os lo juro) donde cae el agua... me decía Roberto. Seguro que él pensaba que me tranquilizaba pero aquí y ahora os digo que cuanto más hablaba mayor temor creaba en mí. Los de abajo jaleaban, gritaban, me apoyaban, cantaban: a la de una!, a la de dos.... y a la de tres!!!! 
Como si no les hubiera oído. Sí hombre, que si me paso o no llego caigo sobre una roca. Que soy tonto y orgulloso, pero no tanto, que me voy a hacer daño. Que ya verás como esto termina mal.... Todo esto pensaba yo mientras me acercaba al abismo y daba un pequeño salto que me dejaba caer sobre las aguas heladas pensando en el daño que sin duda me iba a hacer... No pasé frío al caer, sólo sentí alivio por no haber tocado con ninguna roca y la agradable sensación de saber que sí, soy estúpido, pero nadie me quitará el hecho de haber saltado en calzones, con resaca, a temperaturas cercanas al "cero grados, ni frío ni calor" y, además, dejando que me grabaran. El final de toda nuestra aventura fue la demostración de las Tepee en la subida. Con un camino repleto de nieve, cargados de exhaustos aventureros y recuedos imborrables, los Expert que descendieron con nosotros nos llevaron de nuevo a la cima sin desfallecer. Dicen que los encargados de su limpieza se sorprendieron de las zonas en las que encontraron barro, si hubieran venido con nosotros se habrían sorprendido de ver los lugares en los que dicho barro fue obtenido. Escapada Tepee I Escapada Tepee II Escapda Tepee III
|