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Pido a quienes por supuesto considero ya amigos que sepan perdonar mi aparente desidia respecto al tercer y cuarto post de la Escapada Tepee. Desgraciadamente, el día a día nos impide a veces realizar aquello que deseamos, y éste es el caso de la conclusión que me quedaba pendiente respecto a un fin de semana realmente formidable. Ya os dije en la segunda entrega que después de habernos dado un buen tute en bicicleta parecía poco menos que imposible que el día diera un poquito más de sí... pero lo dió. Llegamos a un bonito hotel que hubiéramos disfrutado en mucha mayor medida en verano pero que ofreció buen resultado a pesar del mal tiempo. Una ducha más que merecida, una mirada envidiosa a la cama y, muy poquito tiempo después, a la barra del bar a reunirme con todo el grupo. Entre anécdotas y risas acabamos reuniéndonos todos para salir hacia el restaurante de la cena al que, por supuesto, fuimos andando (si bebes... ) Buena comida, mejor compañía, y un buen número de lazos que iban estrechándose a medida que caían botellas de rojizo contenido. A mi lado se sentó uno de los componentes del club Peugeot (ruego sepa disculpar mi imperdonable memoria para los nombres) al que, sin ningún pudor, estuve toda la noche atosigando por no haber llevado una cámara a nuestro "paseo" en bici. Gracias por aguantarme!!! La noche terminó tomando unas copas en una discoteca y dejando en nada la película de "Danzad, danzad, malditos". He de decir que yo fui uno de los animadores del cotarro dada mi desvergonzada forma de malmover mis oxidados huesos. Dado que la noche terminó tarde y la mañana del domingo comenzaba pronto, de nuevo di por bueno el fin de semana pensando en un final temprano... y resultó que tampoco en esta ocasión estaba todo el pescado vendido. Jordi fue el último en aparecer -hay testigos que aseguran que también fue el único que durmió pasó la noche en compañía- Al subir a Río Verde nos encontramos con una nevada de esas que hacen historia. El camino del día anterior estaba cubierto de nieve y hielo pero, con todo y con eso, los Tepee demostraron su valía (y los conductores su valor) descendiendo inmisericordes hasta el final del camino. 
Roberto, nuestro guía, nos dejó fríos cuando dijo eso de: "quien quiera hacer descenso de barrancos puede hacerlo... pero yo jamás había visto nieve en este punto" Al final lo de los barrancos se sustituyó por un paseo cerca del río que no tenía mayor enjundia... salvo por el ligero detalle de que yo terminé metiendo una pierna entera en el agua. Para evitar males mayores anduve desde ese momento con los pantalones a la cintura y los calzones a la vista de todos/as. (pero eso no es lo peor ¿quiéres saber quién y por qué se dió un baño completo?) Escapada Tepee I Escapada Tepee II
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