A este ritmo estoy, casi, casi, cumpliendo mi promesa de hacer un post diario. No es fácil, porque ando cual maleta de artista viajando de un lado a otro. En cada viaje la agenda está realmente apretada, con rueda de prensa, prueba de conducción, realización y edición de vídeo, comidas varias y trayectos de ida y vuelta que cada vez más habitualmente se producen en el mismo día. Pero eso no quita para que os tenga informados (aunque sea mínimamente informados) de lo que va ocurriendo en este apasionante mundo del automóvil.
Sobrevolamos en este momento la
península ibérica de vuelta de Marruecos, donde he tenido la oportunidad
de conducir por primera vez el Dacia Duster. Mi inconformismo habitual
en cuanto a marcas como Dacia se ha vuelto repentinamente trastocado con
este vehículo. Es cierto que no se conocen todavía los resultados de
pruebas de choque tipo EuroNCAP pero, independientemente de su
resultado, me considero embaucado por las virtudes del Duster
Del Ibiza Cupra me ha encantado su polivalencia de conducción. Frente a antiguas realizaciones del mismo modelo parece mentira que se hayan suavizado tanto las suspensiones manteniendo igual o incluso superior nivel de estabilidad. Los antiguos Cupra, en todas las versiones que he probado -y creo recordar que han sido todas las existentes hasta la fecha- tenían como inconveniente el hecho de maltratar a conductor y acompañantes. Muy eficientes, pero demasiado duras y por ello también a veces bruscas en sus reacciones. Un punto positivo para el nuevo Cupra.
Quienes estuvisteis leyendo el día 1 estábais esperando que existieran más días y que fueran consecutivos... lógico, y yo también. Pero sigo dejando que me coma el trabajo, las presentaciones, la familia e incluso las vacaciones.
Hoy he recogido el Ibiza Cupra para realizar una prueba con él. Es un
coche al que tenía ganas, como siempre suele ocurrirme con las versiones
deportivas de cualquier modelo, aunque en esta ocasión se trata de algo
especial. Ya tuve oportunidad de conducirlo durante la presentación,
pero siempre se tiene una visión más objetiva cuando se puede rodar por
las mismas carreteras en las que ya has probado otros vehículos.
No querría yo equivocarme en las cuentas, pero debe andar por la cuerta ocasión en que he asistido a una presentación del sistema eléctrico de autonomía extendida de GM.
De entre todos los deportivos de altas prestaciones que todavía no había tenido oportunidad de conducir -y no son pocos, lamentablemente-, el Audi R8 era uno de los que más me llamaba la atención. Fernando Gómez Blanco, compañero de la revista Automóvil, me había hablado muy bien de él, y el hecho de saber que básicamente compartía mecánica con el Lamborghini Gallardo LP560-4 no hacía sino aumentar mis expectativas.
Tuve la oportunidad de conducir el Opel GT en su presentación en el circuito de Ronda. No obstante, las precauciones de la marca evitaron su disfrute. Los 265 CV de potencia de un motor sobrealimentado por turbo y el hecho cierto de un accidente mortal en Estados Unidos durante la presentación internacional hicieron que el departamento de prensa de Opel actuara con pies de plomo en aquel evento.
Cuando ya había llegado el sustituto del Audi A4, todavía tuve la oportunidad de probar la ahora antigua berlina de la marca alemana con el motor de tres litros diésel de 233 CV. No en una versión normal, sino en la automática con carrocería familiar, acabado S Line y tracción total. Una maravilla.