Algunos, muy amablemente, intentásteis contestar una pequeña encuesta que realicé en el anterior post. Desgraciadamente, mi capacidad como programador está entre muy limitada y prácticamente nula, así es que hubo problemas y no pudisteis colaborar -aunque me consta que lo intentásteis-. En fin, si logro solventar los errores volveré al tema. Mientras tanto, muchas gracias.
América, todos tenemos imágenes más o menos reales de lo que significa aquella tierra, y muchos pensamos en grandes automóviles movidos por enormes motores de gasolina cuando se trata de imaginar su parque automovilístico, pero hay más. Hay unos fabricantes asociados con otros de procedencia europea, hay ganas de conquistar mercados exteriores, hay necesidad de rentabilizar inversiones y mucha falta de tradición en el campo del gasóleo. El Chrysler Sebring, al que en España le han añadido el 200C por aquello de rentabilizar el nombre de su hermano mayor (300C), forma parte de la nueva época de los automóviles americanos. Aparentes, como siempre, distintos, como casi siempre... y diésel. Con el motor de cuatro cilindros de Volkswagen (dos litros y 140 CV) que tiene como mayor virtud su buena respuesta y como mayor defecto una clara sonoridad, el Chrysler Sebring 200C se presenta estos días en nuestro país esperando competir con modelos como el Volkswagen Passat (ja!) el Ford Mondeo (ja, ja!) o el Honda Accord (y aquí es cuando yo ya me muero de risa)
¿Es aparente? Sí ¿Cuesta mucho? demasiado ¿está bien equipado? por supuesto, con lo que cuesta, es lo mínimo.
Pero lo peor es sin duda el interior. Los plásticos utilizados son terriblemente terribles. Plástico de ese que, cualquiera, denomina, plástico. Nada de disimular, nada de poner algo un poco blandito, nada de materiales nobles. Cuando se trata de plástico, el Sebring es una verdadera fuente de inspiración. Bueno, no tan buena como la del Dodge Caliber (ésa ya es exagerada) pero con un precio mucho mayor. No, definitivamente, no es este el acabado interior que esperaba de un coche dispuesto a competir con verdaderos ejemplos de calidad.
El antiguo Type R de Honda era un automóvil excepcional, aunque sólo válido para unos cuantos, porque su comportamiento era muy bueno pero requería de manos "sabias" para no terminar abonando las cunetas de las carreteras más viradas. El nuevo sigue siendo toda una referencia para el disfrute de la conducción en su más pura esencia, aunque el hecho de poder contar con control de estabilidad y la existencia de una batalla más larga lo hace más seguro y aplomado, estando por tanto al alcance de mayor número de usuarios. La mecánica es la misma, y va acoplada a un cambio de seis relaciones rápido y con las marchas muy cortas, favoreciendo las rápidas subidas de régimen que, al fin y al cabo, es lo que necesita una mecánica que se siente a gusto sobre todo en la zona más alta del cuentavueltas. Lo reconozco, el antiguo Type R me gustaba mucho, y el nuevo, también.
Me han pedido un consejo de compra entre tres coches: Saab 9-3 Hatchback (de segunda mano), Audi A4 1.9 TDI familiar y Volvo V50. Aquí está la contestación y os animo a que, si conocéis a alguien que quiera preguntar por un coche, no dudéis en decirle que puede hacerlo en este blog. Intentaré responder a todos.
Por fín os habéis decidido a pedir... y sólo se os ocurre hacerlo todos a la vez. Bien, me alegro, pero os pediré un poco de calma. Me habéis pillado en plena marea de trabajo y me paso el día sentado frente al ordenador. En plan deprisa, y como adelanto: he conducido el Volvo C30 (distinto de probarlo, que todavía no lo he hecho) me ha gustado, pero ya te contaré más "Borrow". Respecto al par motor ésa es la gran pregunta. Si pudiera contestarla empleando "sólo" un par de horitas, sería un monstruo de la comunicación. De cualquier modo, no te preocupes "José A." también lo contestaré en cuanto me sea posible, que espero no sea demasiado tarde. Saludos.
Érase una vez un Citroën muy especial. Su diseño de líneas aerodinámicas supuso una ruptura total con todo lo anteriormente realizado. En el año de su lanzamiento, 1955, la suspensión neumática que llevaba hacía de él un verdadero ejercicio de alarde técnico. No era lo único; en sus versiones superiores dos de las cuatro luces delanteras giraban en el mismo sentido que el volante para mejorar la visibilidad. Tan bueno era el diseño de este vehículo que sirvió como base para la posterior creación del Citroën SM, un pariente muy cercano que tomaba prestado de Maserati una potente mecánica. Sea como fuere, al DS se le conoció popularmente como el Citroën Tiburón. Justo igual que se conoce al Hyundai Coupe en mercados como Japón y Estados Unidos. Este último no aporta tantos alardes tecnológicos, pero acaba de recibir un ligero restyling para renovar su imagen. Nuevos faros, pequeños retoques y el Hyundai Coupe de siempre: un automóvil de cierto carisma que ha venido a menos en los últimos años.
Hay quienes creen que los cabrio con capota dura son una invención moderna. En realidad, ya en los años 30 Peugeot contaba con un automóvil de este tipo. Aunque eso era algo que yo conocía, hoy, en la rueda de prensa de la marca, me he enterado de que fue un dentista quien patentó la idea, y que Peugeot la llevó luego a cabo. De todos modos, también Ford contó con una carrocería de este tipo allá por los años cincuenta, aunque en Estados Unidos.
Bueno, a lo que iba. Las marcas a veces se empeñan en decir cosas difíciles de creer. Imposibles, podríamos decir. Y que el 207 Coupé Cabrio es un cuatro plazas entra dentro de la anterior definición. El coche va de cine con el motor turbo de gasolina, muy bien con el diésel (cuyas suspensiones son algo más blandas) pero, se pongan como se pongan, los asientos traseros son, como mucho, para mi tocayo el Gnomo, porque lo que es una persona, salvo que carezca de extremidades inferiores, difícil lo tiene.
En mi opinión -no he preguntado y no puedo poner por ello la mano en el fuego- el éxito del antiguo León llevó a la marca española a mantenerlo a la venta para cubrirse las espaldas con el nuevo. Sin embargo, la nueva gama está teniendo una buena acogida por lo que, o mucho me equivoco, o no creo que esté mucho más tiempo en producción la versión anterior. Además, considerando que los precios del antiguo son, tal y como tú dices, bastante elevados, yo optaría en cualquier caso por la carrocería más moderna o, en su defecto, por uno de los antiguos de segunda mano, porque la depreciación que puede tener la primera carrocería será sin duda mucho mayor que la moderna. El nuevo cuenta además con mejor habitabilidad y está mejor aplomado en carretera gracias entre otros elementos a que cuenta con un eje posterior multibrazo frente al eje torsional de la primera generación.
Tal y como describo en el propio texto, a veces a uno le invitan a algunos eventos en los que, simplemente, se disfruta del momento. La prueba del espectacular Ford GT en el circuito de Albacete entra sin duda dentro de esta descripción. Se publicó hace algún tiempo, aunque creo que todavía resulta actual.
Tengo especial predilección por esta prueba, ya que muchos lectores de Autovía, e incluso compañeros de profesión, me han hablado de ella. Espero que también a vosotros os guste. Es una prueba del Focus RS de 215 CV de la anterior generación.
Gota de pasión
Estaba yo (pequeña gota de combustible) plácidamente ubicada en mi pequeño surtidor -uno de esos casi individuales de una pequeña carretera secundaria en donde la gasolina todavía tiene preponderancia sobre el diésel- cuando, en la distancia, escuché un ronco ruido que, dado lo revirado de la carretera que accede a la gasolinera, aumentaba y disminuía a intervalos pero iba adquiriendo poco a poco mayor fuerza.