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De hecho, pocos minutos después del accidente me llamó una amiga preguntándome si yo creía que había sobrevivido porque, en su opinión, Kubica no saldría de aquélla. Cuando le comenté que yo no pensaba lo mismo se sorprendió mucho. Vuelvo a repetir que no soy ningún experto en Fórmula 1, pero siempre he seguido las competiciones de motor y, por supuesto, conozco las medidas de seguridad habituales en los vehículos. En un accidente, sea producido en circuito o en carretera, uno de los parámetros que más influyen en el resultado final es la deceleración. Cuando un coche circula a una velocidad superior a sólo 60 km/h y, en tan solo unos metros, se detiene, la deceleración que sufre el coche y todo lo que contiene en su interior es brutal. En el caso de Kubica hubo dos aspectos que me hicieron pensar en un resultado no tan nefasto. Por un lado llevaba puesto el HANS (Head and Neck Safety device -sistema de seguridad de cuello y cabeza-), y por otro se había golpeado lateralmente contra un muro, saliendo despedido hacia delante y parando mucho más lejos y con el habitáculo del piloto completo a pesar de haber quedado el resto del coche repartido por toda la trayectoria tras el impacto. Creo que sin la intervención de la célula de seguridad o del HANS, Kubica habría corrido peor suerte pero, con las medidas actuales, el golpe que tuvo fue más espectacular que peligroso (por favor, entended aquí que no quiero quitar importancia al accidente) Y es que la deceleración producida al golpear lateralmente no es, ni de lejos, similar a la que se produce al golpearse de frente. Si unimos a ello que el HANS protege precisamente de dichos golpes al limitar mucho las lesiones en el cuello y que, tras el impacto, la célula de seguridad resistió tal y como debía hacerlo, se puede entender que Kubica esté, a día de hoy, dando guerra de nuevo en los circuitos.
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